Capítulo 5 – La cuarta petición

Compartir

Capítulo 5 – La cuarta petición

“…danos hoy nuestro pan de cada día…”
Mateo 6:11

Dirigimos nuestra atención a las peticiones que más inmediatamente nos conciernen. El hecho de que nuestro Señor hiciera tres peticiones que se refieren directamente a los intereses legítimos de Dios, en primer lugar, deben suficientemente indicarnos que debemos trabajar en la oración para promover la gloria manifestativa de Dios, para avanzar Su reino, y para hacer Su voluntad antes de que se nos permita suplicar por nuestras propias necesidades. Estas peticiones que más inmediatamente nos conciernen son cuatro en número, y en ellas se puede discernir claramente una referencia implícita a cada una de las Personas de la Santísima Trinidad. Nuestras necesidades temporales son suplidas por la bondad del Padre. Nuestros pecados son perdonados a través de la mediación del Hijo. Somos preservados de la tentación y librados del mal por las operaciones de gracia del Espíritu Santo. Examinemos cuidadosamente la proporción que se observa en estas cuatro últimas peticiones: una de ellas se ocupa de nuestras necesidades fisiológicas; tres de ellos se preocupan por los intereses del alma. Esto nos enseña que en la oración, como en todas las demás actividades de la vida, las preocupaciones temporales deben ser subordinadas a las preocupaciones espirituales.
“Danos hoy nuestro pan de cada día.” Tal vez será útil si se empieza por plantear una serie de preguntas. En primer lugar, ¿por qué esta solicitud para el suministro de las necesidades corporales necesita venir antes que aquellas peticiones que se preocupan por las necesidades del alma? En segundo lugar, ¿qué se quiere decir con, o está incluido en el término pan? Tercero, ¿en qué sentido podemos convenientemente rogar a Dios por nuestro pan de cada día cuando ya tenemos un suministro a la mano? En cuarto lugar, ¿cómo puede ser el pan un regalo divino si nos ganamos el mismo por nuestros propios esfuerzos? Quinto, ¿qué es lo que nuestro Señor nos está inculcando al restringir la solicitud a “nuestro pan de cada día”?  Antes de intentar responder a estas preguntas hay que decir que, con casi todos los mejores comentaristas, consideramos la primera referencia como siendo pan material en lugar de espiritual.
Matthew Henry, muy astutamente señaló que la razón por la que este pedido para el suministro de nuestras necesidades físicas encabeza las cuatro últimas peticiones es que “nuestro [bienestar] natural es necesario [para] nuestro bienestar espiritual en este mundo.” En otras palabras, Dios nos concede las cosas físicas de esta vida mientras nos ayuda en el cumplimiento de nuestros deberes espirituales. Y puesto que son dadas por Él, deben ser empleadas en Su servicio. Qué consideración de gracia la que Dios muestra hacia nuestra debilidad: somos ineptos e incapaces de realizar nuestros deberes más elevados si se nos priva de las cosas necesarias para el sustento de nuestra existencia corporal. También es posible deducir correctamente que esta petición viene primero con el fin de promover el crecimiento estable y el fortalecimiento de nuestra fe. Al percibir la bondad y la fidelidad de Dios en proveer para nuestras necesidades físicas diarias, nos sentimos animados y estimulados a pedir por bendiciones mayores (cf.  Hechos 17:25).
“…nuestro pan de cada día…” se refiere principalmente a ser suplidos para nuestras necesidades temporales. Para los Hebreos, el pan era un término genérico, significando las necesidades y conveniencias de esta vida (Gen. 3:19; 28:20), tales como alimento, vestido, y vivienda. Inherente a la utilización del término específico pan más bien que el término más general alimento es un énfasis que nos enseña a pedir no por exquisiteces o riquezas, sino por lo que es sano y necesario. El termino pan incluye aquí la salud y el apetito, aparte de que la comida no nos haga ningún bien. También tiene en cuenta nuestra nutrición: ya que esto no proviene de los alimentos por sí solos, ni tampoco yace dentro del poder de la voluntad del hombre. Por lo tanto, la bendición de Dios en ésto debe ser buscada. “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. ” (1 Tim. 4:4, 5).
Al rogar a Dios que nos dé nuestro pan de cada día, le pedimos que si él nos puede proveer una porción de cosas externas, como las que él ve, se adaptan mejor a nuestro llamado y condición. “No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.” (Prov. 30:8, 9). Si Dios nos concede las superficialidades de la vida, hemos de ser agradecidos, y debemos tratar de utilizarlas para Su gloria; pero no debemos pedirlas. “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (1 Tim. 6:8).  Debemos pedir por “nuestro pan de cada día.” No se debe obtener mediante el robo, ni tomándolo por la fuerza o hacer fraude con lo que pertenece a otro, sino por nuestro trabajo y esfuerzo personal. “No ames el sueño, para que no te empobrezcas; abre tus ojos, y te saciarás de pan. “(Prov. 20:13).  “Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Prov. 31:27).
¿Cómo puedo pedir sinceramente a Dios por el pan de cada día cuando ya tengo un buen suministro a la mano? En primer lugar, puedo preguntar esto porque mi porción temporal presente podría ser velozmente quitada de mí, y sin ninguna advertencia. Una ilustración notable y solemne de ésto se halla en Génesis 19:15 -25. El fuego puede quemar la casa de uno y todo lo que hay en ella. Así que al pedir a Dios por el suministro diario de nuestras necesidades temporales, reconocemos nuestra total dependencia de su generosidad. En segundo lugar, debemos hacer esta petición cada día, porque lo que tenemos no nos beneficiará en nada a menos que Dios se digne también bendecirnos igualmente. Tercero, el amor exige que yo ore así, porque esta petición abarca mucho más que mis propias necesidades personales. Por medio del enseñarnos a orar, “Danos hoy nuestro pan de cada día”, el Señor Jesús nos está inculcando amor y compasión hacia los demás. Dios requiere que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y a ser tan solícitos a las necesidades de nuestros hermanos cristianos como lo somos con nuestras propias necesidades (Gal. 6:10).
¿Cómo se puede decir que Dios nos da nuestro pan de cada día si nosotros mismos lo hemos ganado? Seguramente, un problemilla tal escasamente necesita respuesta. En primer lugar, Dios debe dárnoslo, porque nuestro derecho a él se perdió cuando caímos en Adán. En segundo lugar, Dios debe otorgarlo, porque todo le pertenece a él. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.” (Sal. 24:1).  “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.” (Hageo 2:8).  “Por tanto, yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón,…” (Oseas 2:9). Por lo tanto tenemos en pago de nuestro Señor (es decir, con la condición de homenaje y servicio) la parte de Él otorga. No somos sino administradores. Dios nos concede ambos la posesión y el uso de su creación, pero retiene para sí mismo el título. En tercer lugar, debemos ya estar orando así porque todo lo que tenemos viene de Dios. “Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien.” (Sal. 104:27, 28; Hch 14:17).  Aunque por el trabajo y la compra se puede decir que las cosas son nuestras (relativamente hablando), sin embargo es Dios quien nos da la fuerza para trabajar.
¿Qué está Cristo inculcando al restringir la solicitud al “pan nuestro de cada día”? En primer lugar, se nos recuerda nuestra fragilidad. Somos incapaces de continuar en salud por veinticuatro horas, y somos incompetentes para los deberes de un solo día, a menos que constantemente seamos alimentados desde lo alto. En segundo lugar, se nos recuerda la brevedad de nuestra existencia mundana. Ninguno de nosotros sabe lo que un día traerá, y por lo tanto se nos prohíbe gloriarnos del día mañana, “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.” (Prov. 27:1).  En tercer lugar, se nos enseña a suprimir toda preocupación ansiosa por el futuro y a vivir un día a la vez. “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” (Mateo 6:34).  En cuarto lugar, Cristo inculca la lección de la moderación. Debemos ahogar el espíritu de la codicia, formando el hábito de estar contentos con una pequeña porción. Por último, obsérvese que las palabras del Señor, “…danos hoy nuestro pan de cada día…”, son apropiadas para su uso cada mañana, mientras que la expresión que Él enseña en Lucas 11:3, “Danos día tras día nuestro pan diario” (KJV),[1]debe ser nuestra solicitud cada noche.
En resumen, entonces, esta petición nos enseña las siguientes lecciones indispensables: (1) que está permitido y lícito suplicar a Dios por misericordias temporales; (2) que somos completamente dependientes de la generosidad de Dios para todo; (3) que nuestra confianza debe estar puesta sólo en él, y no en causas secundarias; (4) que debemos estar agradecidos, y devolver las gracias por las bendiciones materiales, así como por las espirituales; (5) que hemos de practicar la sobriedad y no alimentar la codicia; (6) que debemos tener nuestro culto familiar en la mañana y en la noche; y (7) que debemos ser igualmente diligentes a favor de los demás como para con nosotros mismos.



[1]En la versión Reina Valera de 1960, Mateo 6: 11 y Lucas 11. 3 dicen exactamente lo mismo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Mientras que en la versión de King James (KJV) son diferentes; una traducción literal de ellos seria: Mateo 6: 11: “Danos este día nuestro pan diario.” Y Lucas 11: 3: “Danos día tras día nuestro pan diario” 

0 comentarios

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WP Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com