Hebreos 3:1-4:13 Jesús es superior a Moisés

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Jesús es superior a Moisés
3: 1 – 4:13
Resumen:
Luego de mostrar por las Escrituras del Antiguo Testamento que Jesús es superior a los profetas y los ángeles, y por lo tanto superior a la Ley, pasa ahora en el capítulo Tres a demostrar la superioridad de Jesús sobre Moisés.
Veamos los distintos aspectos de la argumentación del autor:
Vs. 1 al 4. Jesús es superior a Moisés en obra, porque Él es un Sumo sacerdote mayor que Moisés en la casa de Dios. A pesar de que Moisés fue fiel en esta casa, Jesús es superior porque él hizo la casa e hizo todo lo que existe.
Vs. 5-6. Jesús es superior a Moisés en posición, porque aunque Moisés fue fiel en la casa de Dios, lo hizo como siervo, pero Jesús es el Hijo unigénito del dueño de la casa, se concluye entonces que así como en una casa el hijo del padre de familia es superior al siervo, Jesús es superior a Moisés, por la posición de hijo fiel. El autor no demerita la labor de Moisés, sino que reconoce su fidelidad en la casa de Dios.
Vs. 3:7 al 4:13. Jesús es superior a Moisés en reposo. En estos pasajes el autor mostrará a sus lectores judeo-cristianos que el verdadero reposo espiritual prometido en el Antiguo Testamento encuentra cabal cumplimiento en la obra redentora de Cristo. Primero habla de la historia del reposo (Vs. 7-11) tomando una cita del Salmo 95 y 96, la cual adjudica al Espíritu Santo, reconociendo que las Sagradas Escrituras fueron inspiradas por Dios.
Esta cita contiene un llamado para que todos atendamos con fe y obediencia al llamado del Evangelio, pues, todo acto de rebeldía es muestra de un corazón endurecido  a causa de la condición humana rebelde, la cual se vio reflejada en un hecho histórico: la rebeldía del  pueblo de Israel en el desierto, específicamente en Meriba y Masah (significan: rebelión y prueba respectivamente). En Masha el pueblo contendió con Moisés porque les faltaba agua, y Dios ordenó a Moisés golpear la piedra para que brotara el preciado líquido (Ex. 17:7), luego, en Meriba el pueblo de Israel nuevamente contendió con Moisés a causa de la escasez de agua. Fue en esta ocasión cuando Moisés perdió los estribos y golpeó dos veces la roca en vez de hablarle a ella, como le había instruido el Señor (Num. 20:13).
Vs. 9-10 presenta los resultados de la rebeldía contra la Palabra de Dios: El Señor se disgustó con su pueblo, el resultado de este disgusto consistió en que Dios nos les permitió disfrutar del reposo prometido (Vs. 11).
Luego al autor da paso a una exhortación invitando a los lectores a revisar sus corazones, pues, el reposo prometido está en serio peligro si nos mantenemos con un corazón incrédulo. El autor habla de la posibilidad de tener corazones rebeldes que nos lleven a apartarnos del Dios vivo, pues, la incredulidad conduce a mayor incredulidad hasta que el corazón se aparta por completo de la posibilidad de conocer al Dios salvador.
En los Versos 16 al 19 encontramos las consecuencias de la incredulidad, las mismas que sufrieron los antepasados judíos en el desierto: Provocaron a Dios (16), disgustaron a Dios (v.17) y no entraron en el reposo prometido (Vs. 18-19)
Vs, 1-10 El autor muestra la oportunidad que tenemos para entrar al reposo. Es nuestro deber aprovechar esta maravillosa oportunidad (Vs. 1-2), pero no basta con solo escuchar el evangelio, sino que se requiere fe de los oyentes para poder entrar al reposo.
En los versos 3 al 8 se insiste en que la oportunidad para entrar al reposo es verdadera. Algunos ya han entrado en este reposo (4:3), la promesa viene desde la misma creación (Vs. 4-5), todavía hay cupo disponibles para entrar al reposo (Vs. 6), David testificó que el tiempo para entrar al reposo es hoy (Vs. 7).
En los Versos 9-10 el autor insiste en la urgencia de aprovechar la oportunidad para entrar al reposo. Está disponible hoy (Vs. 9) y el reposo nos permitirá descansar porque la obra ya está terminada (v. 10).
Por último, el autor vuelve a exhortar a los oyentes para que entren al reposo. (vs. 11-13). Deben entrar a causa del peligro de la incredulidad (v. 11), deben entrar a causa de la eficacia de la Palabra de Dios (v. 12), deben entrar a causa de la claridad de la Palabra de Dios que lo escudriña todo (v. 13).
Dificultades del pasaje.
V. 1 ¿Cuál es el llamamiento celestial del cual participan estos hermanos santos?
Este llamamiento hace referencia al llamado del Evangelio. Todos los creyentes hemos participado de este llamado que nos hace Cristo a través del Espíritu Santo. El autor resalta aquí la dignidad del llamamiento: “celestial”, de manera que descuidar o desatender este llamado de lo alto sería una gran ofensa para la majestad de Dios. Todo aquel que escucha el llamado del Evangelio debiera escucharlo con atención. Esta expresión también manifiesta la dignidad que tiene el miembro de la familia, como dice: F. F. Bruce: “… los señala como ciudadanos de un reino no circunscripto a las condiciones de la vida terrenal. Han sido apartados por Dios mismo, hechos miembros de su familia y llamados a compartir su eterno reposo[1]  
La iglesia es la comunidad de los llamados (este es el significado de la palabra griega usada para iglesia = Eklessis). 2 Tim. 1:9; Fil. 3:14; Ef. 4:4; Col. 3:15)
v. 1b ¿Por qué a Jesús se le llama apóstol?
El término apóstol, en el idioma griego, significa “enviado”. En el sentido bíblico es aquel que ha sido enviado por Dios. Pero en la Biblia tiene un significado más profundo, pues se refiere al que es enviado como un embajador, alguien que está revestido de la autoridad del que lo envió. Otra particularidad del apóstol en la Biblia es que solo debe hablar las palabras del que lo envía, no puede ir más allá de las instrucciones que recibió.
En ese sentido Jesús es un apóstol de Dios, pues fue enviado por Él para representarlo entre los hombres. El autor ya ha dicho que Jesús nos trae la revelación completa y perfecta de Dios, él mismo dijo que hablaba las palabras que escuchó de su Padre y venía a cumplir su voluntad.
Siendo que en este pasaje Jesús es comparado con Moisés, es posible que el término apóstol precisamente haga referencia al ministerio de Moisés, mientras que el término sumo sacerdote haga referencia al ministerio de Aarón.
Jesús es más grande que Moisés porque él tiene las funciones de ambos, de Aarón y Moisés, es decir, apóstol y sacerdote.
Aunque Moisés también fungió como sacerdote, al interceder por el pueblo (Ex. 32:11 ss), Aarón era el sumo sacerdote. Jesús tiene los dos oficios.
v. 2 ¿Cuál es la casa de Dios en la que Moisés fue fiel? ¿Se refiere al tabernáculo?
En las Sagradas Escrituras se le llama casa de Dios a la iglesia, a los creyentes en Cristo. (1 Ped. 4:17; 1 Ped. 2:5; Heb. 10:21; 1 Tim. 3:15). Moisés ministró fielmente al pueblo de Dios en el desierto, durante los 40 años del peregrinaje a la tierra prometida.                  
Jesús es comparado con Moisés, en el sentido que él también ha sido, o sigue siendo, fiel a su Padre. Esto se refiere a su encarnación, su ministerio de predicación, sus milagros que expresaron la misericordia de Dios, el llamar y entrenar a los apóstoles, su pasión voluntaria en la cruz, su resurrección, su exaltación y la obra mediadora e intercesora que ejerce ante el Padre en favor de los suyos. Sobre todo esto Jesús ha sido fiel, así como Moisés lo fue en todo lo relacionado con el guiar al pueblo de Israel en medio del desierto.
Aunque como dice Calvino “Las palabras sobre toda su casa, pueden aplicarse a Moisés; pero yo prefiero aplicarlas a Cristo, pues de él puede decirse que es fiel a su Padre al gobernar toda su casa, de esto se deduce, que nadie pertenece a la iglesia de Dios salvo los que reconocen a Cristo.
v.3 Si Moisés y Jesús fueron fieles en la casa de Dios, entonces ¿En qué consiste la superioridad de Jesús sobre Moisés?
La diferencia que el autor de Hebreos establece entre Moisés y Jesús trasciende el tema de la fidelidad. Considero que el autor no quiso introducir el tema de la superior de Jesús de una forma abrupta o directa, posiblemente, para que los oyentes no quedaran con la impresión que la fe cristiana desestima o desecha el trabajo que Moisés hizo en la historia del pueblo de Dios. Moisés fue un profeta especial y su ministerio ha redundando para el bienestar del pueblo del Señor de todas las épocas.
Como dice en el versículo 5 “fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir”. Es decir, Moisés fue un profeta que Dios usó para conducir al pueblo hacia Cristo, él mismo prefigura a Cristo. La Ley dada a través de Moisés se convierte en una nodriza o niñera,  o guía que nos conduce a Cristo. (Gál. 3:24)
Los escritos de Moisés son tan necesarios para el creyente, que sin la Ley es imposible ver la gloria de la obra de Cristo, sin la Ley no podemos ser conscientes de la necesidad de Cristo.
Pero a pesar de la gran fidelidad de Moisés y su eminente trabajo en la casa o el reino de Dios, Jesús es superior a él porque así como el arquitecto constructor de una casa recibe mayor gloria o reconocimiento por el ingenio para construir un magnífico edificio, que la gloria que se le puede dar al edificio mismo, Jesús recibe mayor reconocimiento que la casa en la cual trabajó Moisés, porque Jesús es el ingeniero constructor.
Siendo que la casa de Dios es una metáfora la cual apunta al pueblo del Señor, entonces podemos decir que el pueblo de Dios inició en el Edén, por lo tanto solo Jesús, el eterno creador de todo, es constructor de esta casa. Moisés trabajó en ella por un tiempo, y aunque aún su ministerio sigue beneficiando al pueblo del Señor, él lo hizo como siervo, pero Jesús es el dueño de la casa, y por lo tanto más grande que los trabajadores de ella.
v. 4 Si Jesús es superior a Moisés porque él es el constructor o edificador de la casa, entonces ¿por qué ahora dice que el que hizo todas las cosas es Dios? ¿Quién hizo la casa: Dios o Jesús?
Evidentemente el autor de Hebreos no hace una distinción entre Dios y el Hijo. Ya ha presentado en el capítulo 1 al Hijo como el creador, el que sostiene todas las cosas creadas, y ahora presenta a Jesús en el capítulo 3 como el constructor de la casa de Dios, pero a la misma vez, continuando con el mismo argumento, presenta a Dios como el constructor de todo, lo cual incluye a la casa de la que viene hablando.
Para los autores del antiguo y del nuevo testamento no hay problemas en reconocer al Padre y al Mesías como Dios, no son dos dioses, sino uno solo, pero no son una persona, sino dos. Se les presenta en su unidad perfecta, pero también en sus personas y obras. Hebreos no apoya la postura de los arrianos, que niegan la divinidad de Jesús, pero tampoco apoya la posición de los modalistas que confunden la persona de Jesús con la persona del Padre.
Ahora, en el versículo 6 Jesús es el Hijo sobre su casa, sobre la casa del Padre. Él no solo la construye, sino que como Hijo, también gobierna sobre la casa de su Padre.
v.6 ¿Qué significa retener firmes hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza, para que entonces si podamos ser casa de Dios?
En las Sagradas Escrituras se describe a los creyentes como la casa o edificio de Dios. Es una metáfora común entre los autores del Nuevo Testamento (1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 1 Pe. 2:5), Jesús mismo habla de la iglesia como un edificio o casa que él edifica (Mt. 16:18).
De la misma manera que Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, se requiere de los creyentes que se mantengan fieles en la confianza que han depositado en el Salvador.
Muchos de los lectores estaban siendo fuertemente atacados por los judíos, con el fin de hacerlos abandonar la fe en Cristo y regresar al sistema judaico. Si estos creyentes abandonaban esa confianza en Cristo, mostraban que eran infieles y no pertenecían al pueblo del Señor, no eran casa del Señor.
Se requiere que esta fidelidad sea hasta el fin. El verdadero creyente, que es parte del edificio de Dios, se caracteriza porque perseverará hasta el fin en esta confianza.
El Señor Jesús en Mateo 10, hablando de las persecuciones venideras contra los cristianos, les advierte que solo los salvos, los que verdaderamente son casa de Dios, soportarán las adversidades y lucharán enérgicamente para mantenerse firmes en la confianza. Los creyentes son probados por las persecuciones y atractivos de las filosofías mundanales, de manera que los fieles perseverarán en medio de las tormentas, es en ese contexto que Jesús dice: y seréis aborrecidos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin este será salvo” (Mt. 10:22)
Muchos de los judíos cristianos, lectores de la carta de Hebreos estaban a punto de deslizarse y abandonar la fe en Cristo, lo cual mostraría que no son casa de Dios. El Señor Jesús explicó bien este asunto en la parábola del sembrador. Los verdaderos creyentes son representados como la buena tierra, la que produce fruto duradero, pero los falsos creyentes son representados por la mala tierra: la del camino, la de los pedregales y la que está llena de espinos. Una persona que empieza el camino del cristianismo, y habiendo escuchado el Evangelio lo acepta con gozo, pero luego de venir las pruebas y las persecuciones abandona la fe, entonces se manifiesta que este era una tierra mala, que en él no hubo fruto real. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza (Mt. 13:20-21).
v. 8 ¿Puede un creyente endurecer su corazón contra Dios?
El autor cita el Salmo 95, como palabra del Espíritu Santo a través de David, para decir que esa palabra no solo aplicó al Antiguo Testamento sino que también tiene validez para los cristianos. Los escritores de la Biblia no son dispensacionalistas, para ellos toda la Palabra es útil y necesaria para que el hombre de Dios (hoy) sea perfecto. El autor mismo dirá que la Palabra (toda ella) es viva y eficaz (v. 12)
El autor de Hebreos hace una distinción entre dos clases de personas, que pueden estar en las iglesias: Los que creen verdaderamente y los desobedientes o los que no perseveran.
En el 4:1 habla de los que parecen no haber alcanzado la promesa, por su incredulidad, pero luego en el 4:3 habla de los que hemos creído y ya estamos en el reposo.
Hay dos clases de lectores, indudablemente. Así como en toda iglesia hay miembros en cuyos corazones hay verdadera regeneración y aquellos que a pesar de llevar mucho tiempo escuchando la Palabra del Señor, se mantienen con un corazón incrédulo.
De todas maneras la advertencia del autor de Hebreos es muy clara: “Si llegáis a oír la voz de Dios, escuchad lo que él tiene que deciros. No seáis como vuestros antepasados que hicieron oídos sordos a la voz de Dios. Por lo tanto, Dios os está diciendo: no os endurezcáis vuestros corazones. Es decir, nunca dejen de hacer caso a mi voz, ya que ello ocasiona dificultades”[2].
El autor advierte a los lectores y oyentes que la Palabra de Dios es viva y eficaz, por lo tanto nadie que la escuche puede hacer oídos sordos sin recibir las consecuencias terribles de su dureza de corazón, una frase semítica que significa “aquel que se rehúsa escuchar”, como dice nuestro refrán “no hay peor sordo que el que no quiere oír”.
Los verdaderos creyentes hemos escuchado el llamado del evangelio y hemos respondido positivamente, abrazándolo y acogiéndolo, obviamente, por la gracia del Señor. Pero algunos asistentes o miembros de iglesias bíblicas locales, a pesar de llevar mucho tiempo escuchando las buenas nuevas de Salvación y las serias advertencias y consecuencias terribles que vendrán sobre los que rehúsan escuchar y atender al Evangelio, se siguen haciendo los sordos, no quieren escuchar. Desean disfrutar de algunas bendiciones de su relación con la iglesia, sin hacer caso al Evangelio.
Los creyentes estamos siendo tentados constantemente a cerrar nuestros oídos a la Palabra del Señor, por eso al autor en el versículo 13 nos manda a exhortarnos los unos a los otros. Si realmente hemos nacido de nuevo nunca vamos a apartarnos de manera definitiva de Cristo, pero si podemos menguar en la obediencia, lo cual acarreará grandes sufrimientos y derrotas en nuestro transitar. Llegaremos al cielo, pero con pocos frutos que presentar ante nuestro Soberano Salvador.
El apóstol Pablo también advierte a los miembros de la iglesia de Corinto respecto a la obediencia, tomando como ejemplo a los Israelitas que salieron de Egipto, los cuales recibieron algunas bendiciones de parte del Señor, como pasar el Mar Rojo en seco, tomar agua de la roca, comer el maná, entre otros. Pero muchos de ellos fueron desobedientes, cerraron su corazón, es decir, no quisieron oír la voz de Dios, y las consecuencias fueron terribles. 1 Co. 10:1-12:
       Porque no quiero,  hermanos,  que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube,  y todos pasaron el mar;  y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual,  y todos bebieron la misma bebida espiritual;  porque bebían de la roca espiritual que los seguía,  y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios;  por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros,  para que no codiciemos cosas malas,  como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras,  como algunos de ellos,  según está escrito:  Se sentó el pueblo a comer y a beber,  y se levantó a jugar.  Ni forniquemos,  como algunos de ellos fornicaron,  y cayeron en un día veintitrés mil.  Ni tentemos al Señor,  como también algunos de ellos le tentaron,  y perecieron por las serpientes.  Ni murmuréis,  como algunos de ellos murmuraron,  y perecieron por el destructor.  Y estas cosas les acontecieron como ejemplo,  y están escritas para amonestarnos a nosotros,  a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que,  el que piensa estar firme,  mire que no caiga.
En este pasaje de Corintios el apóstol Pablo advierte que los verdaderos creyentes, los que han nacido de nuevo, no quedarán para siempre hundidos en el pecado o la desobediencia, sino que Dios les dará la salida y los socorrerá. (10:13), no obstante, somos llamados a huir de la incredulidad y la desobediencia (10:14)
En la Biblia las exhortaciones a escuchar y obedecer son constantes, y estas exhortaciones son para los creyentes:
Romanos 2:13; Santiago 4:4; 1 Samuel 15:22; Jeremías 35:13; Gálatas 3:1; Gálatas 5:7
v. 9 ¿Si la Biblia dice que Dios no tienta a nadie ni puede ser tentado, entonces porqué aquí Dios dice que fue tentado y probado por los padres de la nación Israelí?
Santiago 1:13 “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie
Siendo Dios santo en su esencia, entonces nunca existirá la posibilidad de que el mal pueda ser una tentación para él, de él no procede nunca el mal ni el pecado.
Los versículos 8 y 9 del capítulo 3 de Hebreos hacen referencia al transitar del pueblo de Israel por en medio del desierto, durante cuarenta años.
Durante todo este tiempo el pueblo se quejó muchas veces del cuidado divino, poniendo a prueba la paciencia del Señor, no obstante, milagros tras milagros fueron obrados por el providente Dios para sostenerlos en medio de este peregrinaje.
El autor de Hebreos hace mención a dos lugares: Meriba (rebelión) y Masah(prueba).
Mériba y Masah: Éxodo 17:7. El pueblo contendió con el Señor porque les faltaba el agua, entonces Dios ordenó a Moisés que golpease la piedra y brotó el agua.
Nuevamente, casi al final del viaje a través del desierto volvió a faltarles el agua y nuevamente contendieron con el Señor, allí fue cuando Moisés en vez de hablarle a la roca, conforme al mandato divino, la golpeó y perdió el privilegio de entrar a la tierra prometida. Números 20:13
No solamente en estas dos ocasiones, sino en muchas más, el pueblo “tentó a Dios”, es decir, puso a prueba su paciencia.
v. 11 ¿A cuál reposo no entraron los Israelíes que tentaron al Señor?
Debido a la constante rebeldía, Dios le dijo a Moisés que barrería o destruiría ese pueblo, pero Moisés intercedió por ellos y el Señor desistió de ese plan; no obstante, debido a la continua dureza de corazón y el deseo de regresar a Egipto el Dios de Israel les dijo que “todoslos que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres, no, ninguno de los que me han irritado la verá” Números 14:22-23
Entrar a la tierra prometida, Canaán, significaba para los Israelitas descansar de este peregrinar en el cual llevaban más de 400 años, sin una tierra propia. A este reposo el Señor no les permitiría entrar, excepto a Josué y Caleb, los cuales confiaron plenamente en sus promesas.
Como resultado de este castigo, ellos tuvieron que esperar cuarenta años para entrar a la tierra prometida, en vez de hacerlo inmediatamente, hasta que hubiesen muerte todos los que dudaron del Señor y se rebelaron contra él.
v. 12 ¿El autor está afirmando que un hermano, un creyente, puede apartarse de Dios a causa de incredulidad, después de haberle conocido?
Siendo que el autor ha demostrado la superioridad de Cristo en su gloria sobre Moisés, entonces procede a dar una conclusión lógica: Si las consecuencias de desacatar o rechazar las instrucciones de Moisés fueron terribles, mucho más terribles serán las consecuencias de rechazar el mensaje que hoy nos trae Cristo.
 La pérdida para el pueblo de Israel fue grande, no pudieron entrar a la Canaán terrenal “pero la rebelión de este último tiempo impedirá las bendiciones más grandes de la nueva era”[3].
Esta carta está dirigida, en primera instancia a una iglesia compuesta por judíos convertidos al cristianismo. El autor les recuerda lo que pasó con sus padres como consecuencia de su dureza de corazón, de rechazar abiertamente la voz del Señor y no creer en su Palabra.
En el tiempo de David nuevamente se hace necesario recordar al pueblo que muchos de ellos no entrarían en el verdadero reposo, así como sus antepasados, porque tuvieron corazones incrédulos.
Nuevamente en el tiempo del primer siglo el Espíritu Santo advierte a estos judíos que han conocido la fe cristiana, que ellos no tendrán escapatoria si sus corazones son incrédulos.
Ahora, como en el resto de las exhortaciones del libro, estas palabras están dirigidas a todos los miembros de la iglesia. Somos responsables de evaluar si realmente estamos en la fe, si realmente estamos creyendo en la palabra del Señor, o nos engañamos a nosotros mismos, cumpliendo con los rituales cristianos, pero manteniendo un corazón duro frente a las instrucciones de la Palabra del Señor.
En la primera Iglesia cristiana, pastoreada directamente por el Señor Jesús, durante su ministerio terreno, todos los  miembros fueron llamados por Cristo. Todos predicaron el Evangelio, a lo mejor todos hicieron milagros, pero Jesús dijo de ellos: “Pero hay algunos de vosotros que no creen” Juan 6:64. Pero los que no creen no son salvos, puesto que la Biblia también afirma Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12
Algunos miembros de las iglesias locales piensan que creen, porque por un tiempo, el cual puede ser largo, profesan las doctrinas cristianas y les gusta el evangelio, pero su corazón se mantiene, desde el principio, duro e incrédulo. Esta gente nunca ha sido salva, y si no procuran con diligencia escuchar de manera atenta la Palabra del Señor, suplicando a él tenga misericordia de sus almas, no entrarán en el reposo del cual tanto escuchan en la Biblia.
Ahora, el creer en Cristo, es mucho más que hacer una oración de conversión o arrepentimiento, es vivir conforme a los mandatos de Cristo y depositar toda confianza en él. Lo que muchos hoy día llaman creer solo los capacita para ser diablos, como dice Santiago 2:19 “Tú crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan”
Los verdaderos creyentes somos llamados a mantenernos firmes en la fe. No debemos descuidarla, puesto que la incredulidad es como una pequeña semilla que cuando empieza a germinar crece y crece hasta llegar a hacer mucho daño. Aunque nunca vamos a caer de manera completa y definitiva en una incredulidad irreversible, puesto que Dios obra en nosotros para completar o perfeccionar la obra que inició en nosotros, todos los creyentes somos responsables de evaluar constantemente nuestra fe, que si sea real, y que no demos cabida a la incredulidad en ningún aspecto.
Las Sagradas Escrituras contienen muchas exhortaciones para que nosotros permanezcamos en la fe:
– 2Co 13:5  Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe;  probaos a vosotros mismos.  ¿O no os conocéis a vosotros mismos,  que Jesucristo está en vosotros,  a menos que estéis reprobados? Todos los que nos consideramos creyentes debemos evaluarnos a nosotros mismos, que verdaderamente tengamos la fe en Cristo, que no nos estemos engañando a nosotros mismos, que no seamos de los réprobos, sino de los escogidos para salvación.
– 1Ts 3:2  y enviamos a Timoteo nuestro hermano,  servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo,  para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe. La fe de los creyentes debe ser confirmada por los pastores o ancianos, los cuales, en medio de las adversidades se ven tentados a claudicar. El verdadero creyente no retrocederá de manera definitiva como dice Hebreos 10:39, pero su fe debe ser probada. Algunos que están empezando en el caminar cristiano pueden sufrir grandes ataques de parte de los enemigos de la Iglesia, lo cual puede causar que retrocedan en la fe, esto se debe evitar a toda costa.
– 1Ts 3:5  Por lo cual también yo,  no pudiendo soportar más,  envié para informarme de vuestra fe,  no sea que os hubiese tentado el tentador,  y que nuestro trabajo resultase en vano. El apóstol estaba preocupado de los nuevos creyentes en Tesalónica, los cuales estaban sufriendo una cruel persecución, como probablemente sucedía con los creyentes hebreos, y él tiene el temor que la fe de estas personas haya sido muy entusiasta, pero solamente externa (ver la parábola del Sembrador). Por eso manda a Timoteo quien verificará que la fe de estos hombres permanezca. Si permanece es porque la fe entusiasta fue obra del Espíritu Santo.
Ningún misionero o pastor quiere que el trabajo realizado en la labor evangelizadora fracase, por eso exhortamos a los creyentes a verificar si su fe es genuina o no.
v. 13 ¿Cómo nos exhortamos los unos a los otros para no endurecer nuestros corazones a causa del pecado?
Los creyentes, de manera individual o aislada, tendrán que luchar con mas fuerzas frente a los ataques de los enemigos de la fe, pero si estamos unidos en la común fe, hablándonos las palabras de Cristo y exhortándonos los unos a los otros, tendremos mas fortaleza para no caer o desmayar.
En la Biblia se usa mucho la metáfora de una casa o construcción para referirse a la iglesia. Esta edificación está constituida por piedras vivas (1 Pedro), las cuales se sostienen unas a las otras. Todos en esta casa ejercen una función especial, y todas las partes deben demostrar preocupación por el resto.
El apóstol Pablo en Efesios 4, I Corintios 12 y Romanos 12, muestra la ayuda que cada miembro de la iglesia puede dar para el crecimiento de la misma, usando los diferentes dones que se recibieron del Espíritu Santo. No solo los pastores animan y fortalecen la fe de los creyentes, sino que todos, ejerciendo los dones recibidos, somos instrumentos para que otros no desmayen frente a las acechanzas del maligno o las adversidades o las tentaciones de la carne.
Si todos comprendiéramos la importancia de mantenernos unidos, sirviéndonos los unos a los otros, la apostasía sería frenada en el seno de la cristiandad.
Como dijo Kistemaker “podríamos decir que nosotros, como creyentes individuales, unidos por la fe, tenemos la obligación de expulsar a las fuerzas de la incredulidad del sagrado recinto de la iglesia, el cuerpo de Cristo[4].
v. 14 ¿Debemos esperar hasta el final para saber si realmente participamos de Cristo? ¿En este momento no somos participes de Cristo?
Pensemos en un caso, que puede ser común: Una persona inicia su vida cristiana. Escucha el evangelio, profesa creer en el evangelio, se bautiza, se hace miembro de una iglesia, pero en determinado tiempo se aparta de la fe, deja de confiar en Cristo para siempre y empieza a confiar en sus buenas obras o en otra religión, o ya no confía en nada para su salvación ¿Será que la fe inicial podrá salvarle? ¿Será que al final el Señor le recibirá en gloria por la fe inicial que esta persona expresó?
De ninguna manera, puesto que la fe real, la fe que es un don del Señor, permanece para siempre.
En esto se diferencian los verdaderos creyentes de los falsos.
Eso pasó con Judas (Juan 6:64), con Demas (Col. 4:14; Fil. 24; 2 Tim. 2:10), con los que cayeron en el desierto, con Saul y otros personajes en las Sagradas Escrituras. Ellos profesaron inicialmente fe en Cristo, pero fue una fe efímera, volátil, pasajera, emocional; así como fue la fe de los corazones representados por la tierra entre los pedregales y entre los espinos (Mt. 13:20-22). Ellos profesaron fe con gran entusiasmo, pero cuando la fe fue probada, se halló falsa. No permaneció.
Esta será la prueba de fuego para todos los que se llaman creyentes, si su fe permanece en el tiempo, hasta el fin, entonces es una fe firme y la persona está ligada verdaderamente a Cristo.
El Señor probó la fe o la confianza de muchos que profesaron fe en él, en algunos se encontró una confianza inquebrantable y en otros lo contrario.
Dios probó la fe de Abraham en el Monte Moriah, pidiéndole que sacrificara a su hijo (Gn. 22:1-19), lo mismo con el santo Job.
Por ejemplo, la confianza o fe de David fue probada con el asunto de sus deseos sexuales concupiscentes. Él cayó en el pecado, y las consecuencias fueron dolorosas para él, puesto que el hijo engendrado a través del adulterio murió y sus mujeres fueron víctimas del asedio sexual de uno de sus propios hijos, pero David no quedó hundido en el pecado, sino que  fue levantado y restaurado, permaneciendo fiel al Señor.
El apóstol Pedro también fue probado en su fe y confianza. El Señor le había dicho que Satanás lo quería zarandear (probar en la fe de una manera fuerte, como cuando el trigo es sacudido de una manera rápida, violenta y repetida, con el fin de limpiarlo de la paja) y el permiso le había sido dado. El apóstol cayó en el pecado, negando a su Señor, pero él no permaneció en ese estado de miseria, sino que fue conducido al arrepentimiento. Por cierto, el Señor guarda a los suyos y les ayuda a mantenerse en la fe, en medio de las mas grandes turbulencias del pecado, pues, Jesús le había dicho “pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte…” Lucas 22:31
Pero Pedro no se quedó en la prueba, como si pasó con la semilla que nació en medio de los pedregales “y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo, pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza
Los lectores de la carta a los Hebreos se encontraban en una profunda prueba, sus hermanos judíos los estaban amedrentando con grandes sufrimientos y les alentaban con discursos bien elaborados, para que abandonaran la confianza en Cristo y la volvieran a depositar en el sistema Mosaico. Si ellos hacían eso, entonces no eran participantes de Cristo.
Si volvían su mirada hacia el sistema judaico, ya no agradaban al Señor. “Más el justo vivirá por la fe y si retrocediere no agradará a mi alma” Heb. 10:38.
El tema de la fe o la confianza es crucial en Hebreos. Por cierto el capítulo 11 es un testimonio de aquellos que mantuvieron su confianza hasta el final y mostraron así que eran participantes de Cristo.
Hebreos trata el tema de la perseverancia en la fe y la confianza que hemos depositado en Cristo.
Otros pasajes en la Escritura resaltan la importancia de permanecer y crecer en la fe:
1 Cor. 16:13 “Velad, estad firmes en la fe
Ef. 4:13 “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Col. 1:21-23 “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha delante de él; si en verdad permanecéis fundados  y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo…
2 Tes. 1:3 “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo
1 Tim. 5:8 “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo
2 ti. 4:7 “He peleado la buena batalla… he guardado la fe
Stg. 1:3 “ Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia
Esto no significa que los cristianos no podemos estar seguros de nuestra unión con Cristo sino solo hasta el final de los tiempos. Esto sería una condición de intranquilidad, angustia e inseguridad, lo cual es opuesto a lo que el resto de las Sagradas Escrituras nos enseñan.
La Biblia nos enseña de la seguridad que tenemos en Cristo, la cual podemos disfrutar desde el momento en el cual somos regenerados.
Juan 20:31 “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” Creer verdaderamente en Cristo es garantía de salvación. Pero esta fe debe ser real, es decir, hasta el fin.
Rom. 6:11 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” Estamos vivos para Dios, porque la vida de Cristo nos ha sido dada, esto lo podemos disfrutar desde ahora.
Nuestra fe y confianza en Cristo será probada hasta el final, como dice 1 Ped. 1:7 “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo
Siempre será probada nuestra confianza, pero al final, cuando entremos a las mansiones de gloria, nuestra fe será para dar alabanza, gloria y honra el Señor.
Esta es la esperanza del autor de Hebreos, que ninguno de los miembros de la iglesia se aparte de la fe, porque entonces no podrá glorificar al Señor, a quien están unidos los verdaderos creyentes.
v. 4:1 ¿En qué sentido los lectores cristianos no pudieron haber alcanzado la promesa de entrar al reposo?
Para entender este pasaje es necesario tener en cuenta tres términos básicos usados por el autor, y en esto sigo al comentario de Simón Kistemaker:
a. Temor.El escritor de la carta es un pastor que está preocupado por todas y cada una de las personas miembros de la iglesia local. Él no quiere que ninguno de ellos sea encontrado en el mismo pecado de incredulidad, como pasó con muchos israelitas en el desierto. Por eso dice temamos. Está preocupado por las personas que están bajo su cuidado y supervisión.
Cuando el autor dice Temamos o tengamos cuidado lo hace en plural, lo cual también puede indicar que es responsabilidad de todos los miembros estar vigilantes, exhortándonos los unos a los otros, orando los unos por los otros, de manera que este asunto de la salvación sea algo comunitario. Como dice Kistemaker “Debiéramos tener presentes a aquellos miembros que pudieran estarse alejando de la verdad en doctrina o conducta, y luego orar con ellos y por ellos. Siempre estando atentos en la búsqueda de los rezagados[5].
b. Promesa. Algunos eruditos bíblicos consideran que esta frase debe ser traducida “dado que la promesa de entrar en su reposo todavía permanece[6]lo cual indica que la promesa de entrar al reposo no era solo para los israelitas, sino que sigue vigente hoy. Hasta que el último de los elegidos no haya entrado al reposo, no cesará esta promesa.
c. Fracaso. La promesa de entrar en el reposo fue para los Israelitas en el desierto, para los creyentes en el tiempo de David y para nosotros hoy. No obstante, esta promesa solo se cumple en aquellos que tienen fe en la Palabra de Señor, pero se convierte en maldición para los incrédulos.
El reposo llegó a tener un concepto más amplio que la simple entrada al disfrute de la Canaán terrenal. También incluía el “…reposo del hostigamiento de parte de los enemigos de Israel que moraban en países circundantes; en lo espiritual tenía que ver con una vida bienaventurada vivida en armonía con la Ley de Dios.”[7]
Es posible que en la iglesia local a la cual escribe el autor de Hebreo, así como en la mayoría de asambleas cristianos, algunos creyentes no habían llegado a apropiarse de la promesa del Señor. Habían sido negligentes. Aparentaban llegar a la meta del reposo, cuando realmente aún no habían llegado.
La exhortación del autor indica que en la iglesia no debieran encontrarse personas que Son indolentes en buscar apropiarse de la promesa del reposo, es decir, de la vida bienaventurada vivida confirme a la Santa Ley de Dios.
Nuestros pecados se convierten en un obstáculo para disfrutar de la promesa del reposo, ya que esto muestra nuestra desobediencia y falta de acoplamiento con la santa ley del Señor.
Ahora, el versículo 2 nos aclara que la incredulidad, el no escuchar con fe el evangelio, es causal para no entrar en el reposo. Toda vez que el evangelio (buena nueva) es la Palabra que nos conduce de manera efectiva al verdadero reposo que disfrutamos en Cristo, entonces, si este no es recibido con fe, no sirve de nada el haberlo escuchado una y otra vez. Ahora, esta fe no es una fe muerta, como bien lo enseña Santiago. No es la fe histórica, es decir aquella que acepta como verdadero lo que nos cuentan los historiadores, no es la fe emocional que resulta de un momento de profundo miedo al infierno, o la fe verbal que manifiesta el que hace una oración de conversión como lo practican los modernos movimientos evangelicalistas, no, la fe que nos permite entrar en el reposo, es aquella plena confianza, que emana de un corazón regenerado, puesta en el único y suficiente salvador: Jesús, aceptando y recibiendo con total sumisión su promesa, su Palabra y su Ley.
Nadie que no obedezca a Cristo, podrá decir que tiene fe en él. Si sus mandamientos no me son agradables ni busco sujetarme a ellos, entonces no he oído la Palabra con fe. Y esta clase de personas se pueden encontrar en nuestras iglesias, de allí nuestro deber cristiano de orar por todos y exhortarnos constantemente.
v. 4:3. ¿Las obras que estaban acabadas desde la fundación del mundo son las obras de Dios o de los Israelitas? ¿En qué sentido?
El versículo 4 nos da la respuesta. Se trata de las obras de Dios, en especial su obra de creación. El Señor reposó el séptimo día. Por lo tanto, él puede ofrecer un reposo, del cual ya está disfrutando. Este reposo se encuentra disponible para su pueblo, pero solo pueden entrar en él los que creen.
Solo los que han escuchado la palabra con fe, y la continúan escuchando con confianza, comparten el disfrute del reposo con Dios.
Es importante hacer notar que el autor de Hebreos no tiene dudas respecto al momento en el cual los verdaderos creyentes entran al reposo, él dice “porque los que hemos creído entramos en el reposo”, esto es algo presente y cierto.
v. 6 ¿Quiénes son los que aún faltan por entrar al reposo?
La incredulidad impidió que muchos israelitas entraran al reposo prometido y murieron en el desierto, pero varios siglos después, en el Salterio (Sal. 95), el Señor nuevamente invita a la gente a entrar al reposo, el cual todavía seguía vigente. En la época de David, así como en el tiempo del peregrinaje por el desierto, las personas podían entrar al reposo por medio de la fe. El autor de Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo, dice nuevamente a las personas en la época del Nuevo Testamento y a nosotros hoy “todavía la puerta está abierta para entrar al reposo”. Aún el número de los que creerán y entrarán por la puerta de la fe al reposo no está completo”. Todavía falta que muchos entren.
La puerta para entrar al reposo es la fe, así lo ha sido siempre.
Hab. 2:4 “Más el justo vivirá por su fe
Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios
Roomanos 3:22 “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él
Romanos 3:28 “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley
Romanos 4:5 “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia
Romanos 5:1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo
Romanos 5:2 “Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios
Gálatas 2:16 “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificado por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la Ley nadie será justificado
Gálatas 3:7 “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham
Los que faltan por entrar, son los hombres y mujeres de la línea de la fe, los que no son incrédulos como los israelitas en el desierto, sino que escuchan con avidez la Palabra de Dios. Palabra que tiene vigencia para todas las edades, como dice Kistemaker “…la frase “como Dios ha dicho”, que en el original griego aparece en tiempo perfecto, significa que lo que Dios dice tiene validez permanente (Heb. 1:13; 10:9; 13:5). No importa cuántos siglos pasen, la Palabra de Dios abarca todas las edades; su mensaje es tan claro, firme y seguro hoy como lo fuera cuando lo pronunciara por vez primera. La Palabra de Dios es divinamente inspirada y, como dice Pablo: “útil para enseñar, redargüir, corregir y adiestrar en justicia” (2 Ti. 3:16)”[8].
 v. 8 ¿Cuál es el reposo que Josué no les pudo dar a los Israelitas? v.8, 9, 10 ¿Cuál es el reposo que aún queda para el pueblo de Dios? v. 10 ¿De cuáles obras reposamos los creyentes?
Josué logró introducir a la nueva generación de israelitas a la tierra prometida, al reposo prometido. (Lea Josué 23:1; 22:4).
Pero el reposo del Señor va más allá de la mera posesión de una tierra fructífera. El verdadero y completo reposo es eterno, por lo tanto de índole espiritual o celestial. Pues, lo terreno y material es pasajero, perece, pero lo espiritual es eterno.
Col. 3:1-2 “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra
Ahora, el Antiguo Testamento, en el Salmo 95, habla de la posibilidad de entrar al reposo en el tiempo de David, lo cual significa que el reposo verdadero o completo no era el entrar a la Canaán terrena, sino algo mejor.
Este reposo mejor solo puede ser producido por el Evangelio, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Muchos israelitas lograron disfrutar de la Canaán material, pero no disfrutaron el reposo, de allí que David insista en llamar a los judíos al arrepentimiento, a la fe, por medio de la cual se entra al verdadero reposo. Es por la fe que reposamos del pecado y del mal. Solo por medio de la fe llegamos a confiar plenamente en la obra acaba de Cristo, y por esta obra perfecta nosotros descansamos de nuestras obras.
El obrar humano es pecaminoso, siempre hacemos lo opuesto a la Ley santa del Señor, pero esta Ley nos condena y no permite que disfrutemos de la comunión con Dios. El hombre siempre está cargado de sus pecados, pero cuando por la fe somos lavados por la sangre del cordero eterno, entonces nuestro pecado es lavado, nuestra carga es quitada y solo desde ese momento podemos descansar plenamente de nuestras obras, sabiendo que Dios nos ha aceptado como hijos adoptados por medio de Jesucristo.
Los judíos que estaban llegando al cristianismo estaban siendo tentados para abandonar la fe en Cristo, lo cual les conduciría a volver a confiar en sus obras, en la obediencia a la Ley como un camino de salvación, pero volver a confiar de esa manera en la Ley, era volver a trabajar y llenarse de cargas pesadas, como hacían los fariseos, tratando de ser aceptados por Dios a través de las obras. Pero siendo que nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia (Is. 64:6), entonces no hay posibilidad de reposar o descansar.
El autor escribe a estos creyentes judíos y les insiste en mirar cuál es el verdadero reposo. Jesucristo viene a dar un mejor reposo que el que dio Josué. Porque la obra de Cristo en la cruz es completa, perfecta y no se necesitan más obras. Ahora los creyentes podemos descansar y saber plenamente que la culpa y la condenación resultantes de nuestras malas obras, fueron llevadas por Cristo y nosotros podemos saber que estamos reconciliados con Dios.
Que todos los días de mi vida
descanse de mis malas obras,
deje el Señor obrar en mí mediante su Espíritu
y comience así en esta vida
el eterno día del reposo[9]
El autor de Hebreos habla del “reposo sabático” (v.10) como lo traducen algunos eruditos bíblicos. El sábado era un símbolo externo del descanso eterno y espiritual que Dios dará de manera definitiva a su pueblo. Los judíos entraron a la tierra de Canaán donde descansaron de sus enemigos y del peregrinaje. Pero ellos aún allí debían seguir trabajando. Pero el día sábado ellos descansaban de sus labores diarias, y se dedicaban todo el día a la adoración y el reposo del cuerpo.
Por cierto, este día de manera especial ellos eran animados a obedecer la santa ley del Señor, a evitar todo pecado, a no hablar sus propias palabras pecaminosas, a no pensar sus propios pensamientos pecaminosos, (Is. 58:14) debido a que este día representaba ese estado final de reposo que Dios les iba a dar, a través de la obra perfecta del Mesías.
Los cristianos también tenemos nuestro sabath, el día Domingo. Ese día es un anticipo del reposo celestial que disfrutaremos por la eternidad. El domingo (el sábado cristiano) descansamos de nuestras labores diarias y lo dedicamos por entero a la adoración, al conocimiento de Dios, a las obras de misericordia. Si queremos saber cómo será la vida en la eternidad, miremos como los santos en la Biblia guardan el Domingo. La Biblia nos dice que el primer día de la semana (Domingo) los discípulos se reunían para leer las Escrituras y exponerlas, cantar himnos, ofrendar al Señor, entre otras cosas. (Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2) Los creyentes que no guardan el Domingo como día santo, están perdiendo de disfrutar en esta vida una imagen vívida del verdadero y final reposo que disfrutaremos para siempre en la presencia del Señor.
Aunque aún continuamos pecando, no obstante el autor de Hebreos habla de que podemos disfrutar el reposo de nuestras obras en esta tierra por la fe en Cristo, pero el reposo final y perfecto lo disfrutaremos en la vida eterna, donde ya no habrá más muerte, ni dolor, ni pecado.
v. 11 ¿Podemos nosotros esforzarnos para entrar al reposo (sabbatismos) de Dios? ¿Cómo se hace este esfuerzo?
Procuremos (spoudasömen), es decir, apresurémonos (2 Ti. 4:9, estemos anhelantes y vigilantes (1 Ts. 2:17). No sea que imitemos el mal ejemplo de los israelitas en el desierto, pues, siempre nos es más fácil copiar los malos ejemplos.
La meta final del reposo aún no se ha alcanzado completamente, ya hemos empezado el camino, por el llamamiento que nos hace el evangelio, aunque por la fe ya estamos en el reposo.
Así como el Señor llamó a todos los israelitas que estaban como esclavos en Egipto para que iniciaran su peregrinar hacia la tierra prometida, donde encontrarían el reposo, el Señor llama hoy por la predicación del evangelio a los hombres para que inicien este peregrinaje a la nueva Sión, donde disfrutaremos eternamente el final reposo que Dios ha preparado para los que le aman.
El autor les recuerda a sus lectores que así como muchos de sus ancestros quedaron postrados en el desierto y no pudieron completar con éxito la meta a la cual el Señor les llamaba, a causa de su corazón incrédulo hacia la Palabra del Señor, procuremos hoy revisar que no seamos desobedientes al llamado del Evangelio, porque entonces no entraremos al reposo.
Procurar entrar en el reposo significa que nos esforcemos por obedecer la Palabra del Señor. Si somos creyentes, entonces el Espíritu del Señor habita en nosotros y nos habilita para obedecer con amor las instrucciones del Señor.
Porque las consecuencias de la desobediencia son terribles. Los israelitas desobedientes murieron en el desierto y no entraron a la Canaán terrenal. Los que escuchan el evangelio y no lo obedecen o lo abandonan tendrán una pérdida superior, porque no podrán entrar a la Canaán celestial, a la Santa Sión donde reina el Cordero que fue inmolado.
Y es que la Palabra de Dios no puede ser desatendida o desobedecida sin recibir la justa retribución que semejante pecado merece. Cuando Dios habla, el pueblo debe escuchar con mucha atención, porque las Palabras de Dios pueden ser vida para el que las cree y las obedece, pero puede ser muerte y destrucción para el que es incrédulo.
Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz. (v. 12) Ella cumple el propósito para el cual el Señor la envía. Ella tiene la capacidad de mostrar las minucias de los más recónditos pecados del hombre, y si la Palabra del Señor tiene esa capacidad de discernir y mostrar los pecados más escondidos e íntimos que el hombre tiene, entonces es un grave pecado rechazar esa luz, pues, entonces quedaríamos en la más oscura miseria espiritual y nada podrá ayudarnos para salir de ella, pues, solo la Palabra del Señor, aplicada por el Espíritu Santo tiene la capacidad de hacer manifiesta todas las cosas del hombre delante de su santo creador.
Un día, esa misma Palabra testificará en contra de los que no creyeron y la destrucción será grande (Juan 12:48).
En el versículo 12 se describe a la Palabra de Dios como viva y activa. En otras partes también se nos habla de esta cualidad. Esteban dice que Moisés recibió palabras vivas de parte del Señor (Hch. 7:38), Pedro dice que hemos renacido por la palabra viva (1 Ped. 1:23). Ella tiene la capacidad de producir vida en el hombre (Jn. 6:63). Pero también es activa, es decir, efectiva y poderosa. La palabra usada en el idioma griego se deriva de la palabra energía (energës), ella es enérgica, poderosa (Jn. 1:12; Fil. 3:21; Col. 1:29). Ella no solo puede producir vida en el hombre que estaba muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1-5), sino que el desobedecerla conduce a serios e inminentes peligros.
La Palabra del Señor tiene la capacidad de discernir (kritikos), es decir, es diestra para juzgar, “como el cirujano tiene que serlo, y capaz de decidir sobre la marcha qué decisiones adoptar. Así, la Palabra de Dios, como su mirada, ve las secretas dudas y la agazapada incredulidad, . El cirujano tiene una intensa luz para ver dentro de cada oscuro rincón y un afilado bisturí para eliminar todo el pus revelado por la luz.”[10]
v. 13 ¿Cuándo y quiénes tendrán que rendir cuenta?
Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están abiertas y desnudas… La Palabra de Dios es como un microscopio que puede poner en evidencia al más diminuto microbio de duda y pecado. Tanto el cuerpo como el alma están desnudos ante la mirada de Dios. Los ojos de Dios ven todos los hechos en lo más profundo de nuestro corazón. No hay reservas mentales delante de Dios (Robertson).
En el día postrero Dios juzgará las obras de cada hombre. Dios revisará todos los libros, toda conciencia, todos los actos de los hombres. Nadie podrá escapar de este escrutinio cósmico. Por eso los pecadores que no acudieron a Cristo pedirán a las montañas que vengan sobre ellos Ap. 6:16. Este será el juicio final donde muchos escucharán la declaración final e irrevocable del juez ¡Culpable! Y serán lanzados al infierno de fuego y azufre, pero otros, escucharán la declaración final del juez ¡Absuelto! Y entrarán al reino del Padre de nuestro salvador, el Señor Jesucristo. Apoc. 20:11-15. Mateo 25:31-46.
Enseñanzas:
Sobre Cristo:
– Jesús es nuestro apóstol. Es el enviado que bajó del cielo “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo: el Hijo del hombre que está en el cielo” Juan 3:13. Solo él nos revela al Padre de manera clara y perfecta “… el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Juan 14:9
– Jesús es el verdadero Josué del nuevo pacto que puede, con seguridad, introducirnos en el verdadero descanso, en la Sión celestial. Su obra acabada en la cruz (consumado es), es el camino para entrar al descanso de nuestras obras (pecados), por eso él debe ser el objeto eterno de nuestra mirada, de nuestra confianza. Sin Jesús no tenemos reposo verdadero. “Jesús guía a su pueblo ante la presencia de Dios y les concede el eterno reposo sabático.”[11]
Sobre Dios:
– Dios no solo es el creador de todo, sino que siempre ha estado interesado en construir un pueblo de creyentes para sí, una casa o morada en medio de los hombres. Esto nos habla de su inmensa gracia, pues, ¿De qué otra forma los pecadores hombres podrán ser constituidos en pueblo santo del Señor?
– Dios cumple su Palabra. Él prometió a los israelitas entrarlos a Canaán si confiaban en su Palabra. Josué y Caleb confiaron en la Palabra del Señor y ellos entraron, porque Dios cumplió lo prometido. Dios promete entrarnos a la verdadera Sión si creemos en Cristo, si estamos confiando en él, entonces tenemos la seguridad que el Señor cumplirá su propósito en nosotros.
– Dios es justo. Él no hace acepción de personas. El da justas recompensas. A algunos no se les permite la entrada en el reposo de Dios porque habiendo escuchado el evangelio (la buena nueva), en vez de obedecerlo, fueron desobedientes. Dios les da el pago de su desobediencia. La incredulidad de ellos se convirtió en desobediencia, y así tanto la mano como el corazón estaban en oposición a Dios y Su palabra.
– Dios tiene el control de todo y vive en un eterno presente. El “Hoy” para entrar al reposo, es el hoy de Dios, por eso esta promesa sigue vigente en la época actual, este hoy no se ha convertido en el ayer. “Dios atraviesa los siglos que van desde la vida en el desierto hasta el gobierno davídico; desde Moisés, que registra la historia de Israel en el Pentateuco, hasta David que compone sus cantos para el Salterio. Él hace que su promesa esté disponible hoy, que es el momento de abrazar la misericordiosa oferta de salvación.”[12]
– La palabra del Señor es para todas las edades. No importa cuánto tiempo pase, ella sigue siendo vigente. Su mensaje sigue siendo relevante para todas las generaciones. Ella es totalmente inspirada y útil para que el hombre de Dios, en todos los tiempos, sea perfecto y enteramente preparado para toda buena obra. 2 Ti. 3:16
– Dios es omnisciente, él todo lo conoce. Por eso su palabra tiene el poder de escudriñar hasta lo más profundo e íntimo del ser humano, nada se escapa de su escrutinio.
Aplicaciones:
– Siendo que tenemos un llamado celestial, entonces somos llamados a tener nuestros pensamientos en aquel que gobierna los cielos: En Jesús.
– Los que deseen entrar en el reino de Dios deben seguir a Cristo con resolución, porque él es el único apóstol enviado de lo alto, el único Maestro que vino directamente del cielo para hablarnos las palabras de Dios.
– Aunque Jesús cumplió la Ley ceremonial establecida a través de Moisés, no obstante debemos conocerla porque ella nos muestra lo sublime de la santidad de Dios, lo terrible de nuestro pecado, y lo grandioso de la obra redentiva efectuada por Jesucristo. El verdadero evangelio puede disfrutarse solo en conexión con el conocimiento de la Ley.
– En nuestro caminar cristiano seremos confrontados por las persecuciones y dificultades resultantes de identificarnos con Cristo, pero a pesar de estas adversidades, somos llamados a mantenernos firmes en la confianza, firmes en la esperanza, sin fluctuar, sino que debemos mantenernos con férrea confianza en aquel que dijo no temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (Luc. 12:32), y “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mt. 28:20)
– El apóstol Pablo se presenta como embajador de Cristo (apóstol) (2 Cor. 5:20; Ef. 6:20), a través del cual Dios llama a los hombres a reconciliarse con Él, en cierto sentido todos los creyentes somos embajadores de Cristo, y tenemos el mejor ejemplo de lo que hace un embajador espiritual: “No puede el hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” Juan: 5:19. Un seguidor fiel procurará hacer lo que aprendimos de Cristo.
– Hay una manera clara de saber si realmente formamos parte de la casa de Dios: La perseverancia en la fe. Si caminamos por un tiempo pero luego abandonamos la fe por los placeres de este mundo, o las dificultades que acarrea el servir al Señor, entonces evidenciamos que no formamos parte de la casa de Dios.
– Ninguno de nosotros podrá perseverar en la fe sin la gracia del Señor, porque Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad. Fil. 2:13, roguemos al señor para que nos ayude a mantenernos firmes, sin fluctuar, que cada día afirme en nosotros la fe.
– El Espíritu Santo es que el que convence al mundo de pecado, de juicio y de justicia. Él nos convence a través de Su Palabra. El autor de Hebreos ha dicho que lo escrito por David es la voz del Espíritu Santo para nosotros hoy. Por lo tanto, si rechazamos, descuidamos o no obedecemos el llamamiento y la exhortación que se nos da por el Evangelio y las Sagradas Escrituras, estamos afrentando al Espíritu Santo y corremos el peligro de cometer el pecado más terrible que ser humano puede hacer: “Blasfemar contra el Espíritu Santo”, recordemos las palabras de Cristo: “A todo aquel que dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado” Lucas 12:10
– ¿Cuánto tiempo llevas asistiendo a la iglesia y escuchando la predicación de la Palabra del Señor? ¿Será que eres un oidor atento y de fe? o ¿Eres un oidor olvidadizo? Descuidando así la voz del Espíritu Santo. No creas que recibirás mayor misericordia por haber escuchado la Palabra, pues, tu condenación será más terrible, ya que tenías conocimiento de las consecuencias de desobedecer el llamamiento del Señor, y a pesar de ello cerraste tus oídos espirituales para no escuchar con atención. El asistir a la iglesia, cumplir con los diezmos, cantar, orar, saltar, llorar y hablar en lenguas o recibir milagros de parte del Señor no te garantizan la salvación, solo el escuchar con fe y obedecer al llamado del Evangelio.
– Nosotros no tenemos la capacidad natural para escuchar y obedecer la Palabra del Señor. Nuestra naturaleza depravada y pecaminosa se resiste a escuchar, por eso debemos suplicar al Señor que en su misericordia nos dé oídos para oír. “Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír” Deut. 29:4
– En nuestro transitar por el desierto de este mundo vamos a sufrir muchas necesidades, las cuales son una prueba para fortalecer nuestra fe y dependencia del Señor. Esos momentos difíciles debieran conducirnos a aferrarnos mas a la gracia del Señor, pero muchas veces actuamos como lo hizo el pueblo antiguo del Señor y en vez de confiar plenamente en su cuidado nos quejamos y contendemos con él. No obstante, su misericordia y su paciencia no se han agotado porque tenemos un Dios sumamente misericordioso: “… Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” Éxodo 34:6 Pero no probemos su paciencia, mejor confiemos en su sabio cuidado.
– ¡Qué salvación, qué alegría en los cielos por un pecador que se arrepiente, qué victoria sobre Satanás si cada día nos alentamos los unos a los otros y nos sostenemos mutuamente en la fe! (Kistemaker)[13].
– Los creyentes somos constantemente tentados para volver nuestra mirada del Señor y ponerla en nuestras buenas obras, en los hombres, en la psicología, en las emociones, en los milagreros, en el Catolicismo Romano, pero recordemos las palabras del Señor: “… Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás es apto para el reino de Dios” Luc. 9:62 Oremos al Señor para que seamos hallados dignos del Reino de Dios, a través de la perseverancia en la fe.
– “El cristiano, hasta no haber sido perfeccionado, se considera un principiante. Mientras nuestra fe en Cristo sea el fundamento de todo estamos a salvo y seguros como miembros de la casa de Dios”[14]
– “Nuestra salvación es de suma importancia y no debe tomarse nunca a la ligera” por eso es necesario escuchar y hacer caso a las exhortaciones que se nos hacen en el libro de Hebreos. No se trata de perder la salvación, sino de verificar si realmente somos salvos y andar como salvos.
– Los Israelitas que no entraron al reposo se caracterizaron por un corazón perverso e incrédulo. A pesar de haber visto la poderosa misericordia del Señor, escogieron deliberadamente pecar, es decir, desviarse de la santa Ley del Señor, andando en sus propios deseos y apetitos. Quiera el Señor ayudarnos para no seguir ese ejemplo, sino que permanezcamos firmes hasta el fin, creciendo en el carácter de Cristo.
– Sabemos que participamos de Cristo cuando hemos escuchado y aceptado de corazón el mensaje del Evangelio, de manera que los frutos de la regeneración se dejan ver en nosotros, y no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu. (Rom. 8:12-13)
– “Si aceptamos la Palabra de Dios en fe y hacemos su voluntad obedientemente, la promesa de reposo también se cumplirá en nosotros. Tal hecho es incuestionable”[15].
– El verdadero reposo que Dios ofrece a su pueblo es espiritual, y este reposo solo puede ser producido por el Evangelio de Jesucristo. Si aún no hemos puesto nuestra mirada de confianza en el Salvador, volvamos nuestros ojos a la cruz, miremos allí la ira de Dios que descenderá sobre los incrédulos, pero también miremos allí la esperanza de salvación para todo el que cree en él. Pidamos a Dios misericordia y que nos conceda un corazón creyente para que fijemos la mirada solo en él.
– Para el creyente el día de reposo (el domingo) no es solo un día en el cual se deja de trabajar, sino que este día es un reposo espiritual, en el cual debiéramos cesar de nuestros pecados, pues estamos ante la presencia santa y sagrada del Dios soberano, junto con su pueblo en un servicio de adoración y alabanza, donde nos deleitamos en escuchar Su Palabra, a través de los pastores y predicadores que él ha llamado.
– Esforcémonos cada día para entrar en el reposo de Dios. “No demos ya por ganado dicho reposo, sino que con esfuerzo luchemos por vivir en armonía con Dios, por hacer su voluntad y por obedecer su Ley”[16]El sello distintivo de todo creyente y la consigna de toda iglesia bíblica debiera ser “continuemos ocupándonos en nuestra salvación con temor y temblor” Fil. 2:12.
– Los creyentes, como comunidad local, debemos ayudarnos los unos a los otros, debemos cuidarnos espiritualmente los unos a los otros. Cuando el autor dice “procuremos” está hablando de que todos somos responsables de ayudarnos mutuamente, para que no luchemos con nuestras fuerzas individuales, sino que todos juntos corramos esta carrera, y ayudemos al que se queda atrás.
– Caminemos con paso firme en este peregrinaje, no cedamos ante el mal, ni seamos incrédulos, porque no solo estamos haciéndonos daño, sino que se lo hacemos a otros, pues, nuestro mal testimonio muy pronto será imitado por otros, así como los judíos imitaron el mal ejemplo de los israelitas incrédulos en el desierto. Debemos caminar por el sendero de la obediencia, y así podremos exhortar a los hermanos y hermanas para que hagan lo mismo.



[1] Bruce, F. F. Hebreos. Página 56
[2] Kistemaker, Simon. Hebreos. Página 114
[3] Bruce, F. F. Hebreos. Página 67
[4] Kistemaker, Simón. Hebreos. Página 118
[5] Kistemaker. Página 128
[6] Kistemaker. Página 129
[7] Kistemaker. Página 129
[8] Kistemaker, Hebreos. Página 136
[9] Catecismo de Heidelberg, respuesta 103, ed. Juan de publicaciones de las Iglesias Reformadas (Buenos Aires, 1967)
[10] Robertson, A. T. Comentario al Texto Griego el Nuevo Testamento. Clie. Página 613
[11] Kistemaker. Página 140
[12] Kistemaker. Página 136
[13] Kistemaker, Simón. Hebreos. Página 118
[14] Kistemaker, Simón. Hebreos. Página 120
[15] Kistemaker, Simón. Página 135
[16] Kistemaker, página 138

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