Judas 3: Contender por la fe Una urgencia inaplazable

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Contender por la fe: Una urgencia inaplazable
Judas 3
Por Julio César Benítez
A veces se vuelve muy común escuchar a algunos predicadores cristianos decir que fueron “movidos” por el Espíritu Santo a cambiar el contenido de su sermón, cuando ya habían avanzado en la predicación de otro tema. Realmente esa situación siempre me ha inquietado, pues, no sé si se trata de falta de preparación del tema, emocionalismo excesivo del predicador, o si realmente el Señor les lleva a dar un viro sustancial al tema preparado.
Lo cierto es que en Judas se dio una situación similar a la descrita anteriormente. Este pastor se encuentra interesado en fortalecer la fe de los creyentes y experimenta, como todo pastor bíblico, una gran urgencia, una gran solicitud, por escribirles un tratado doctrinal para hablar de la común salvación que comparten él y la audiencia.
No sabemos cuál era el contenido exacto de lo que Judas estaba escribiendo o iba a escribir, pero lo que sí sabemos es que el apóstol Pablo escribió sendos tratados hablándonos de la doctrina de la salvación, es decir, del mensaje salvador o el evangelio, en Romanos, Efesios y el resto de sus epístolas.
 De manera que el verdadero autor de las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo, no dejó incompleta la revelación, al conducir a Judas a cambiar de tema en su carta inspirada, pues, todas las cosas que son necesarias para nuestra salvación, para nuestro andar cristiano, nos fueron dadas a través de las Sagradas las Escrituras y nada necesario quedó por fuera de ella.
Esto es lo que dice Pablo en 2 Tim. 3:16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra
O, 2 Pedro 1:3 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia
Es posible que Judas, el pastor de la iglesia de Jerusalén, interesado como estaba por el crecimiento espiritual de los lectores, cuando ya estaba preparado para iniciar el tratado doctrinal de su carta, recibe noticias inquietantes de cómo los falsos pastores, los falsos maestros estaban entrando encubiertamente a dicha iglesia, de manera que, en sumisión al Espíritu Santo, considera la urgencia de la situación, y decide cambiar el tema de su carta.
Ya no dará un discurso teológico, sino que exhortará a los lectores para estén alertas frente al peligro real que representa para la fe de una iglesia, la introducción de falsas doctrinas y falsos maestros.
Judas no hizo como algunos buenos y amados hermanos nos proponen hacer hoy, es decir, que no luchemos o denunciemos las falsas doctrinas o falsos maestros que se introducen a la cristiandad contemporánea, sino que oremos y esperemos a que el Señor saque a la luz la falsedad, de manera que las iglesias, algún día, se darán cuenta de quiénes eran falsos y quiénes no.
 Bueno, si bien es cierto que debemos orar fervorosamente para que el Señor nos conserve como una iglesia pura, santa y firme en la doctrina sana, no obstante es responsabilidad de los pastores e iglesias de todos los tiempos desenmascarar la falsa doctrina y los falsos maestros.
Judas no considera que esto sea algo de esperar a ver qué pasa, a ver quién tiene la razón.
Es bueno enseñar doctrina, pero es urgente denunciar la falsa doctrina y los falsos maestros.
Así que, hoy día, tenemos la corta carta que escribiera Judas, con la cual hizo un gran bien a la iglesia de todos los tiempos, como dice Barclay: “… pero el hecho es que hizo más por la Iglesia escribiendo esta urgente, breve carta de lo que posiblemente habría hecho dejándonos un extenso tratado sobre la fe[1]
Abordemos juntos el estudio del versículo 3 y analicemos porqué es necesario luchar o contender ardientemente por la fe.
Sigamos la siguiente estructura:
1. La urgencia de luchar por la fe
2. El modo de luchar por la fe
3. Poderosa razón de luchar por la fe
1. La urgencia de luchar por la fe.Me ha sido necesario escribiros exhortándoos…
¿Por qué un pastor experimenta la necesidad o la urgencia de predicar sobre la importancia de luchar por la doctrina bíblica? Hoy día pareciera que este no es el común de la mayoría de los pastores. Muy pocos se ocupan de estos asuntos. Las predicaciones más comunes hoy día se enfocan en temas como la prosperidad material, el buen nombre, la fama, la salud física, cómo mejorar su posición económica, las siembras, el poder de la palabra humana, la fe presuntuosa que dobla el brazo del Señor, entre otros.
Hay poco interés en la sana doctrina. El slogan principal de nuestra generación cristiana es “ama y se feliz”. “el amor une, la doctrina divide”. “habla del amor, no hables de doctrina”, “la letra mata”. Tal vez este sea el resultado de una iglesia materialista, pragmática, dormida espiritualmente y mundana.
Pero los pastores en la Biblia no podían dormir tranquilos al saber que los falsos maestros o las falsas doctrinas estaban entrando sigilosamente en medio de los santos.
Y es que el peligro es abismalmente terrible.
La sana doctrina preserva la verdadera fe que nos conduce a la salvación, la falsa doctrina nos aleja del Dios Santo, pervierte la conducta cristiana y conduce al infierno.
Veamos algunos ejemplos en la Palabra de Dios:
Nuestros primeros padres. Adán y Eva fueron puestos en el paraíso para que anduvieran en perfecta comunión con el creador, disfrutando de su presencia, obedeciéndole en todo, con el fin de agradarle en todo. Por algún tiempo el hombre pudo disfrutar de este estado de perfección. La doctrina bíblica, la fe, era muy sencilla en esta primitiva iglesia: Hay un Dios creador, el cual es santo, y pide al hombre que le obedezca para que pueda disfrutar para siempre de la perfecta comunión con él, el obedecerle le garantiza vivir para siempre, el desobedecerle implica la muerte. Esta era la doctrina. Y las cosas anduvieron bien en esta iglesia, mientras se mantuvieron firmes en esta obediencia.
Pero Satanás, la serpiente, el engañador y adversario de Dios, quería dañar el buen vivir de estos creyentes, quería conducirlos a desobedecer, para que así cayeran de ese estado privilegiado. ¿Pero cómo hacerlos caer en la desobediencia? Ellos estaban entrenados en la doctrina, así que no aceptarían desobedecer simplemente porque la serpiente se los insinúe. Así que, Satanás, siendo astuto, decide corromper la doctrina, así, una vez ellos distorsionen la fe, serán presa fácil del pecado.
Satanás siembra la mentira doctrinal en la mente de Eva, cual falso profeta o falso pastor, trastorna las palabras que ha dicho el verdadero pastor y le dice que ella y su esposo no morirán realmente, por el contrario, tendrán vida eterna y serán como dioses.
Dios dijo: si desobedecen morirán, el falso pastor dice: serán como dioses.
Satanás no cambia totalmente las palabras del Señor, sino que introduce su falso sermón diciendo “conque Dios os ha dicho…” (Gén. 3:1). Esta ha sido siempre la astucia de los falsos maestros, mezclar las palabras de Dios con las palabras mentirosas de sus mentes retorcidas.
¿Cuál fue el resultado de pequeña porción de falsa doctrina? El pecado, la muerte eterna, la muerte física, la maldición sobre toda la creación material, la corrupción espiritual.
La falsa doctrina suele producir enormes estragos dentro del pueblo del Señor. Por eso ningún pastor bíblico puede estar tranquilo cuando ve venir el peligro de los falsos pastores o maestros sobre la iglesia.
Israel. Ellos recibieron grandes bendiciones del Dios Todopoderoso. Los escogió de entre todos los pueblos, les dio Su santas leyes, les envió profetas verdaderos, hizo poderosos milagros para ayudarles. Solo les pidió obediencia a sus mandatos, y así se conservarían como el pueblo escogido, y recibirían sus abundantes bendiciones.
A pesar de haber recibido la luz de la doctrina bíblica, este pueblo se corrompió y recibió el juicio que la Ley había establecido. Pero ¿Cuál fue el medio usado por Satanás para producir semejantes estragos en este pueblo de creyentes? La falsa doctrina, los falsos maestros.
En el desierto el pueblo se desenfrenó en el jolgorio, el licor y la perversión, luego que Aarón les permitiera cambiar la doctrina de Dios. El Señor le había dicho a su pueblo que no hicieran imagen de él, pues, Moisés en el desierto, cuando fue llamado, no vio ninguna figura. Pero cuando Aarón les permitió cambiar este conocimiento de Dios, e hicieron una imagen, entonces fue muy fácil para este pueblo corromper el resto de doctrinas, y entrar en una decadencia moral impresionante.
Los falsos profetas siempre causaron estragos en el pueblo, tergiversando la doctrina, amoldándola a la cultura de la época, a lo que estaba de moda, y el resultado fue siempre el mismo, decadencia espiritual, decadencia moral, y la venida del inminente juicio del Señor.
¿Ante un peligro tan inminente será que podremos estar tranquilos?
2. El modo de luchar por la fe.…que contendáis ardientemente por la fe…
En la exposición del primer elemento de la estructura de nuestro pasaje, ya ustedes se han hecho una idea de qué es  a lo que Judas llama “la fe”. No se trata de la confianza que depositamos en Dios, sino que se trata del cuerpo de creencias o doctrinas que conforman nuestra fe cristiana.
Este cuerpo de doctrinas deben ser cuidadas con tanto esmero y pasión, que para nosotros debe ser un asunto de vida o muerte. Lo que creemos de la Biblia, lo que creemos de Dios, de Jesucristo, del Espíritu Santo, del pecado, del juicio de Dios, de la salvación, la santificación, la vida cristiana; todo esto es tan vital para la cristiandad, que no debemos escatimar esfuerzo alguno en luchar para defenderla.
No se trata de defender a Dios, pues él no necesita que nadie lo defienda, se trata de defender la doctrina que él nos ha dado.
La palabra usada por Judas para luchar ardientemente es “epagonizesthai” de donde viene nuestra palara agonía. Cada iglesia, de cada generación debe pagar el costo de luchar por preservar y transmitir la doctrina de manera correcta.
En toda época ha sido necesario defender la fe, porque esta se transmite, como una sana tradición, de generación en generación.
El problema radica en que en cada generación surgen falsos maestros que tergiversan la verdad, y si la generación respectiva no hace nada por preservarla, entonces, las próximas generaciones corren el riesgo de recibir doctrinas erradas.
Pero este hacer algo para preservar la sana doctrina no debe ser un “bueno, vamos a ver que se hace”, no, debiera ser algo que implique tanto esfuerzo, como para decir “estoy agonizando por esta causa”, “hasta que lo falso no salga a la luz y la iglesia recupere la sana doctrina no podré dormir tranquilo”.
Los profetas del Antiguo Testamento son un reflejo fiel de esta lucha agonizante por preservar la doctrina sana:
En tiempos de la reina Jezabel la doctrina bíblica estaba en gran decadencia. Esta reina malvada había introducido la falsa doctrina por doquier. La adoración al Dios verdadero fue reemplazada por el culto a Baal. Parecía que todo el mundo estaba conforme con la doctrina errónea. Pero un pequeño grupo de profetas que dieron sus vidas para que la verdadera religión de Israel fuera preservada. Cientos de ellos murieron, como dice en 1 Reyes 18:4 “Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta, y los sustentó con pan y agua”.
¿Por qué causa morían estos profetas? Porque ellos no consideraron como algo liviano la introducción de falsas doctrinas dentro del pueblo de Dios, para ellos esto era un asunto de vida o muerte.
Jesús dijo que la doctrina cristiana proviene de Dios, por lo tanto, la falsa doctrina proviene de Satanás. Si no estamos en la verdadera doctrina, entonces no tenemos a Dios, no hay salvación, no hay cielo, sino que nos espera la más terrible condenación. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios…
Es un asunto de vida o muerte. La verdadera doctrina bíblica nos libra de la esclavitud del pecado “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados” Rom. 6:17. Estar en falsa doctrina es permanecer en esclavitud. No podemos estar tranquilos frente a la falsa doctrina.
En nuestro siglo corren fuertes vientos de doctrina errónea que no solo han permeado a las sectas sino que atentan con socavar las bases mismas de la fe cristiana, falsas doctrinas que han entrado encubiertamente en el grueso de la cristiandad:
– Un concepto erróneo de Dios. El Soberano creador de todo, el que es digno de adoración y obediencia, ahora es presentado como el soberano servidor, el sirviente, el hada madrina que está esperando el toque de la varita mágica para hacer todo lo que el creyente desee.
– Un concepto erróneo de la expiación obrada por Cristo. La sangre preciosa del cordero que fue derramada para la remisión de nuestros pecados, ahora es tomada para garantizar la salud, la prosperidad y toda clase de bienes terrenos al creyente. Incluso la sangre de Cristo ahora es tomada “supuestamente” para limpiar objetos, para protección contra asechanzas, etc.
– Un concepto erróneo de la salvación. Hoy día la salvación del alma y la esperanza futura de la completa y perfecta redención ya no es tan importante, pues, es más relevante para el cristiano materialista de este siglo el vivir cómoda y placenteramente en este mundo, de manera que la salvación ha sido reducida al tener más y más bienes de este mundo, riquezas que los ladrones minan y hurtan.
– Un concepto erróneo del ministerio. Ahora el ministro, el pastor, ya no es más el anciano servidor que nos presentan las Sagradas Escrituras, sino que es el gerente, el alto ejecutivo, el chamán o el iluminado, que tiene el poder para transmitir “unción”, sanidad y prosperidad, pero que de ninguna manera está al servicio de los santos. Un pastor que para poder dialogar con él se necesita primero acudir a todos los “líderes” que están por debajo de él en esa gigantesca escalera o estructura piramidal.
No podemos estar tranquilos cuando la doctrina se tergiversa de esa manera, pues, las próximas generaciones ya no tendrán el verdadero cristianismo que anuncia la salvación del hombre por medio de la obra de Cristo, sino que tendremos un infame remedo del cristianismo, donde un dios sirviente, se ofrece para satisfacer los deseos hedonistas de hombres completamente materialistas y avaros, egocéntricos y ególatras.
Judas invita a la verdadera cristiandad a combatir, lo cual “significa esforzarse sin distraerse, a fines de lograr una meta. Presupone abnegación para superar obstáculos, evitar peligros y, si fuese necesario, aceptar el martirio. Judas da a entender que los miembros de la iglesia deben esforzarse en la propagación del evangelio y en la búsqueda de la derrota de la herejía[2]
Muchos pastores no pelean la batalla contra las herejías que están entrando hoy a la cristiandad (ecumenismo, teología de la prosperidad, la palabra de fe, dilo y recíbelo, las siembras económicas, la falsa unción, entre otras) porque consideran que eso se debe dejar solamente el Señor, y él, algún día sacará a la luz los que verdaderamente son de él y avergonzará a los falsos.
Es cierto que la cizaña debe crecer junto al trigo, y nosotros no podemos arrancarla. Pero respecto a la falsa doctrina, respecto a los falsos maestros, no podemos esperar hasta el tiempo del fin, las Sagradas Escrituras son muy claras al enseñarnos que si dejamos entrar a lo falso y no hacemos nada para frenarla y denunciarla, muy pronto todo el plantío estará dañado. “las zorras pequeñas echan a perder las viñas”. (Cantares 2:15)
El apóstol Pablo, escribiendo al pastor Timoteo, no le da opciones frente al tema de la lucha contra la falsa doctrina o los falsos maestros que entran al cristianismo. Él le dice, así como dice hoy a todos los pastores y hermanos que aman a nuestro Señor Jesucristo “Te encarezco (te doy este solemne encargo) delante de Dios y del Señor Jesucristo (ellos son los testigos), que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino (un día seremos todos juzgados), que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo (el pastor debe ser insistente para corregir la falsa doctrina); redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán (mucha gente no soportará) la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír (apetito por cosas nuevas) se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias (hablarán lo que a la gente más le agrade oír) y apartarán de la verdad el oído (no querrán escuchar la sana doctrina) y se volverán a las fábulas (la falsa doctrina, que aunque suena agradable al oído porque promete muchas cosas, en realidad es fábula, puro cuento). Pero tú se sobrio en todo (no seas ebrio como los falsos maestros que deliran en sus mentes depravadas), soporta las aflicciones (aflicciones por causa de predicar la sana doctrina y denunciar a los falsos maestros), haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano (Pablo quiere que otros continúen su labor de extender la doctrina que produce salvación). He peleado la buena batalla (la batalla de la fe que Judas nos exhorta a luchar), he acabado la carrera, he guardado la fe (o el depósito de la fe, es decir, la doctrina que fue dada una vez a los santos). 2 Timoteo 4:17
3. Poderosa razón de luchar por la fe.… por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
La doctrina bíblica no es una doctrina que cambia de tanto en tanto, amoldándose a las filosofías de la época. No, Judas dice que fue dada una sola vez a los santos, es decir, que fue transmitida una vez por todas (hapax paradotheisëi)[3].
La fe cristiana es un depósito sagrado que Dios encargó a la Iglesia de todos los tiempos, para que lo transmitieran de manera fiel a las siguientes generaciones, este depósito, es la revelación escrita, es decir, las Sagradas Escrituras, las cuales deben ser estudiadas, explicadas y aplicadas, tal como fueron entregadas a través de los profetas y apóstoles autorizados. Esta sagrada doctrina tiene enseñanzas y aplicaciones para los hombres de todas las generaciones.
El adverbio hápax, que significa “de una vez por todas” da a entender que estas verdades doctrinales “son inmutables: no se pueden alterar, no se les puede quitar ni añadir…”[4].
Parece que la iglesia del primer siglo estaba siendo afectada por falsos profetas que pretendían recibir revelaciones del Espíritu Santo adicionales a lo que el Señor había hablado una vez por todas a través de los profetas y apóstoles autorizados. Pero este ha sido siempre un peligro latente en la cristiandad. De vez en cuando se levantan algunos hombres, o mujeres, que dicen estar recibiendo revelaciones directamente del cielo, que pretenden escuchar directamente la voz de Dios.
Pero debemos tener cuidado con esa clase de personas, pues, lo que Judas está diciendo aquí es que la falsa doctrina siempre está relacionada con estas pretendidas revelaciones nuevas o adicionales que algunas gentes dicen estar recibiendo.
La doctrina, la fe, todo lo que necesitamos para ser “… perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” nos ha sido dado a través del depósito sagrado al cual llamamos la santa Biblia.
La fe se dio una vez para siempre, y no buscamos nuevas revelaciones.
Las sectas que han surgido dentro de la cristiandad siempre han estado asociada con las “nuevas revelaciones” o las voces que algunos pretenden escuchar directamente del cielo.
En el siglo II de la era cristiana, un pagano llamado Montano se convierte al cristianismo, y luego ser bautizado, se une a dos supuestas profetizas, y diciendo que ha empezado un nuevo pentecostés, una nueva era del Espíritu Santo, empieza a enseñar falsas doctrinas, supuestamente reveladas directamente por Dios a él y a sus profetizas. La iglesia del primer siglo había sido bendecida por los carismas o dones sobrenaturales de revelación del Espíritu Santo, pero estos habían cesado, la iglesia ya no requería mas de estos dones espectaculares, porque ahora tenían la relevación, el depósito de la fe completo, ya la fe había sido dada una vez a los santos.
No obstante Montano pretende recuperar estos dones cesados, e inicia un movimiento sectario. Él decía que el Señor regresaría por su iglesia en ese mismo siglo e instalaría a la Jerusalén celestial en la ciudad de Pepuza.
Esto mismo sucedió con los testigos de Jehová, los mormones y los adventistas, los cuales pretendieron recibir revelaciones adicionales a la que fue dada una vez para siempre a través de las Sagradas Escrituras, y el resultado fue el error, el engaño, lo falso, una secta.
Debemos luchar con agonía por la pureza de la fe, porque ella es un depósito sagrado que no puede ser cambiado.
La Iglesia del primer siglo lo entendió así, de manera que ellos solo estudian la doctrina apostólica.
Hechos 2:42 “Y perseveraban en la doctrina apostólica…” No les interesaba conocer lo que soñó el pastor, o la experiencia espiritual de los demás. Lo único que nos garantiza ser libres del pecado es el permanecer en Cristo, en su doctrina, la cual fue dada una sola vez para siempre, al ser completada por los apóstoles del Cordero.
El apóstol Pablo, escribiendo al pastor Timoteo, le advierte de no enseñar sus propios sueños, experiencias o visiones, sino que su deleite y su responsabilidad debe ser enseñar la doctrina apostólica, esa que fue dada una vez para siempre:
1 Tim. 1:3 “Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina”, diferente a lo que los apóstoles del Cordero enseñaron.
1 Tim. 6:3-4 “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe…
2Jn 1:9  Cualquiera que se extravía,  y no persevera en la doctrina de Cristo,  no tiene a Dios;  el que persevera en la doctrina de Cristo,  ése sí tiene al Padre y al Hijo.
Siendo que solo tenemos una fuente de doctrina, una fuente segura y sin error, entonces debemos mantenernos firmes en ella, estudiando las Sagradas Escrituras, escudriñándolas, como ordenó Jesús, de manera que no nos apartemos de ella, ni a diestra ni a siniestra. Que no sigamos el error de los que pretenden recibir revelaciones adicionales.
Siendo que esta fe es un depósito sagrado del cual mana la vida, la verdadera libertad y el perdón de nuestros pecados, entonces luchemos sin descanso para que esta verdad sea conocida por todos.
Aplicaciones:
– ¿Cuál es tu reacción cuando ves un programa “cristiano” en la televisión, en el cual la mayor parte del valioso tiempo de transmisión se concentra en hablar de cosas que no son esenciales a la fe cristiana como la prosperidad material, la sanidad física, principios para hacer crecer las empresas, etc?
– Hoy el Señor, a través de la corta carta de Judas, te invita para que despiertes a una gran realidad: estamos siendo invadidos por falsas doctrinas. El grueso de la cristiandad, como en las épocas antiguas, corre detrás de los baales, detrás de lo falso. ¿Y tú qué haces al respecto? ¿Te amoldas al espíritu pluralista y relativista de la época, pensando que no es tu responsabilidad meterte en problemas por defender la sana doctrina? ¿Consideras acaso que los profetas antiguos, los apóstoles y los valientes adalides de la reforma fueron unos tontos por defender la doctrina pura que viene directamente de Dios? ¿Crees que eres más inteligente que estos humildes servidores de Dios? ¿Acaso no te das cuenta que tú mismo podrás ser afectado por las doctrinas erróneas sino las denunciamos? ¿Olvidas como la falsa doctrina afectó paulatina pero progresivamente al pueblo de Dios en tiempos antiguos, así como el cáncer no se queda fijo en un solo lugar, sino que cuando ha empezado no cesa de extenderse en todo el cuerpo, hasta abarcarlo todo?
– Oremos al máximo general que tenemos, a Jesús, para que él nos de fuerza, vigor y ánimo pronto para luchar hasta la sangre, defendiendo la sana doctrina, orando por los hermanos que están en iglesias donde los pastores han trastornado la fe, amoldándola al espíritu de la época. Oremos para que el Señor ayude a estos pastores a encontrar el camino de regreso a la doctrina apostólica, oremos para que si estas iglesias persisten en su error, el Señor saque de en medio de ellos a los que verdaderamente le pertenecen.
– Esforcémonos en conocer cada día mas y mas las Sagradas Escrituras, estudiándola de manera apropiada, encontrando el verdadero sentido de lo que allí se dice, de manera que no nos dejemos confundir por los falsos maestros que han entrado al cristianismo.
– Tengamos cuidado con los programas o predicaciones “cristianas” que escuchamos por la radio o la televisión, tengamos cuidado con los libros gratis que se envían a través de internet, muchas sectas usan estos medios para llevar confusión a los verdaderos creyentes.



[1] Barclay, William. Comentario al Nuevo Testamento. Clie. Página 1088
[2] Kistemaker, Simón. ¡ y 2 Pedro, Judas. Desafío. Página 425
[3] Robertson, A.T. Comentario al texto griego del Nuevo Testamento. Clie. Página 713
[4] Henry, Matthew. Comentario bíblico. Obra completa. CLIE. Página 1911

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